sábado, 29 de abril de 2017

Tierra de campos, de David Trueba



David Trueba es un escritor que se encuentra entre mis fijos desde que leí Abierto toda la noche. No he dejado de leer ninguna de las novelas que vinieron después, Cuatro amigos, Saber perder o Blitz. Hace unos días me llevé una gran alegría cuando encontré en la librería una nueva novela suya. Me gustó el título y esa portada en la que un coche atraviesa el páramo hacia el horizonte. No lo dudé y me hice con ella. Ni que decir tiene que he disfrutado mucho de su lectura. Sus cuatrocientas cuatro páginas se me han quedado cortas.

Todos conocemos el final. Y el final no es feliz. Es curioso este cuento, porque sabemos el desenlace pero ignoramos el argumento. Somos visionarios y ciegos al mismo tiempo. Sabios y estúpidos. De ahí nace ese malestar que todos compartimos, esa sospecha que nos hace llorar en un día gris, desvelarnos a medianoche o inquietarnos si la espera de un ser querido se alarga. De ahí nace la crueldad desmedida y la bondad inesperada de los humanos. De ahí nace todo, de conocer el final y no el cuento. Extrañas reglas de juego que ningún niño aceptaría. Ellos piden que no les cuentes el final. Ignoran que conocer el final es lo único que te permite disfrutar del tiempo.

Con esta reflexión, marca de la casa, abre David Trueba su última novela, la quinta ya, titulada Tierra de campos y publicada por Anagrama.

Tierra de campos está narrada en primera persona por el protagonista, Dani Campos, cantante pop de éxito quien, entrado ya en los cuarenta, echa la vista atrás durante un viaje en un coche fúnebre al pueblo de su familia. Dentro van los restos mortales de su padre, fallecido un año antes. Dani ha decidido trasladarlos desde Madrid a su pueblo natal, Garrafal de Campos (ficticio) en la comarca castellano leonesa de Tierra de Campos (no ficticia). Es curioso, pero en el título de la novela, "campos" aparece en minúscula, como si no quisiera referirse a la comarca de la que es originario el padre del protagonista y a la que se dirige, sino a una tierra más genérica que pudiera estar en cualquier parte. Puede que sea porque el padre tenía clara su  procedencia mientras que al hijo nada le sujeta a la tierra. Su tierra de campos es con minúscula.

La novela, además de un viaje a los orígenes, es un continuo flashback de la vida de Dani, cuyos recuerdos alterna con las conversaciones con Jairo, el conductor de la funeraria, y más tarde con los habitantes del pueblo, sobre todo con Jandrón, alcalde y amigo de la infancia.

Trueba divide la novela en dos partes homenajeando a los discos de vinilo o a las viejas cintas de cassette en las que llegó la música pop en los años ochenta: Cara A y Cara B.
Cada cara la divide en capítulos cortos a modo de escenas que titula con el inicio de los mismos o con el final de los anteriores, todos  sugerentes, poéticos, como si se tratara del título de una canción: todos conocemos el final, un sabor a trapo viejo, últimamente pienso mucho en la muerte, la primera vez que deseé morir, pero lloré con retraso, si llamas fuerte seguro que alguien te oye, yo hago canciones, nosotros somos gente normal, ella que era todo lo contrario, en Estrecho no nacen artistas, no te juntes con ése que no es trigo limpio, no sabes lo perdido que estaba hasta que te encontré, todo empezó en un váter, ven vamos a hacerlo, las moscas siempre vuelven a la mierda, mi primera canción de amor, la única venganza posible, todas las familias tienen un secreto, me moriré como se mueren los pájaros, hay que saber entrar y hay que saber salir, se acabaron los veranos, en lo que nunca fracasábamos era en fracasar, sonar como soñábamos sonar, la canción de tu vida nunca es la canción de tu vida,  lo malo conocido, los hijos aprenden a ser hijos cuando se convierten en padres, agua sé cuerda de mi guitarra, la atómica potencia de enamorarse, la gata que juega al ajedrez, mi fiera, el agua caliente también se enfría, esa cosa llamad éxito, nadie se hace viejo en la música, cuando ese perro de la calle eres tú, 150 mil copias de mi infelicidad, ¿adónde vas? quédate hasta al alba, y para siempre fuiste sólo futuro…



La música envuelve el ambiente de toda la novela y se convierte en protagonista a través de las letras compuestas por Dani Campos (de nombre artístico Dani Mosca, pues su grupo se llama así, Los Moscas).
En ese flashback están los inicios de Dani con la guitarra a mediados de los ochenta cuando tenía 15 años; la formación de un grupo con Gus, un compañero del colegio que se va a convertir en una de las personas más importantes de su vida; la grabación de sus primeras canciones, los críticos musicales, la radio, las discográficas; el proceso de creación de canciones, es decir, cómo se aparecen las musas cuando menos te lo esperas y de una situación, de un pensamiento o un sentimiento, sale una melodía y unas letras que se convierten en una canción.
Con el tiempo supe que la tristeza,  que me duró tantos años, era un motor para la música. Que los de afuera necesitan percibir que les hablas de ti para encontrarse contigo en el espejo […] Hacíamos canciones para sanar las heridas, porque no conocíamos otra medicina. (p.213)
Están los conciertos en locales, las giras por los pueblos y ciudades de España (el recorrido por su geografía es extraordinario), la noche, sex, drugs and rock and roll. La dificultad de compatibilizar el tener una banda de rock con tener una relación estable y una familia. El éxito y el fracaso, el olvido y la resurrección.

A lo largo de Tierra de campos hay abundantes referencias musicales, Bob Dylan, The Beatles, Van Morrison, David Bowie, Cindy Lauper, Buddy Holly, Eddie Cochran, Bob Marley, Roy Orbison, Neil Young y un largo etcétera. Incluso aparecen personajes como Serrat, con quien Dani Mosca se va de gira por Europa y Japón. Es en este último país donde conocerá a Kei, una mujer que toca el violonchelo y que parece salida de una novela de Haruki Murakami. Ahora que lo pienso, algo de ese intimismo del escritor japonés hay en esta novela de David Trueba.




En esta cinta de cassette de cuatrocientas cuatro páginas, las canciones suenan a amor y a desengaño, el de Dani, quien en la Cara A nos muestra su primer amor con Oliva, una joven con la que descubre esa sensación con la que es capaz de mover el mundo, y en la Cara B con Kei, una japonesa que se convertirá madre de sus dos hijos, Riu y Maya.

La familia es otro de los grandes temas de la novela. Dani es hijo único y su historia familiar ocupa una parte importante de la narración. La relación con su padre es compleja. Pertenecen a dos generaciones que han vivido en mundos totalmente diferentes. El mundo del padre es el de la España en blanco y negro de la guerra y la dictadura, el de un pequeño pueblo meseteño encerrado en sí mismo; el de Dani es el de la gran ciudad abierta (Madrid es también protagonista) y es el de la democracia, la libertad, el futuro. Dos mundos. La generación de nuestros padres, el padre de Dani, vivió el gigantesco cambio, la enorme transición de un mundo a otro.
Cuando nació mi padre, la vida era como había sido los setecientos años anteriores, y sin embargo, cuando murió, el mundo era irreconocible para él. El arado tirado por bueyes, la ausencia de teléfono y de agua corriente, de luz eléctrica, los pozos, los corrales para aliviarse, las cochiqueras pegadas a la casa, las tabas de lavar en el río, los carburos y los burros de carga. Le habían robado la piel y el hombre no tiene la capacidad de las serpientes para fabricarse una nueva, por eso el hombre es melancólico y la serpiente es pragmática. (pág 150).
Dani es el contrapunto de su padre, sin embargo, poco a poco va descubriendo que tiene mucho de él.

La amistad aparece en  la novela de manera transversal a través de dos personajes entrañables, Gus y Animal, personajes contrapuestos que se complementan y acompañan a Dani en su periplo musical y vital. Gus es refinado, atrevido y transgresor, cantante y alma mater del grupo. Su vida, sus excesos y su relación con Dani están en el centro del relato. Animal es más tradicional, un bruto con un  gran corazón, que pone ritmo al grupo aporreando la batería.

Otros temas fundamentales de Tierra de campos son:
El paso del tiempo. Coronamos la década de los noventa sin enterarnos demasiado de la enorme variación que se había producido no ya en la música sino en todo alrededor, estábamos demasiado ocupados en tocar por todas partes donde nos solicitaban, confiados en que así todo permanecería igual. Pero el mundo estaba en plena mutación.(p. 247)
La tristeza. Cuando ese perro de la calle eres tú, cuando lo miras abandonado, perdido, flaco y sucio, con el hocico gastado de rebuscar en las basuras y el lomo herido de dormir al descubierto, y te ves a ti mismo en él, cuando no puedes más que acercarte y pasarle la mano por el cuello y eres incapaz de resistirte a la manera en que te frota la cabeza y las orejas contra la pierna y agacha la cola para rogarte que lo aceptes a tu lado, entonces sabes que dos solos no se curan la soledad pero la aligeran.(p. 203)
La soledad. Estar solo es una condición del espíritu. No necesita recreación física. Se puede estar solo en la Gran Vía a la hora más populosa. Estar solo había sido mi tentación desde siempre. Conocía sus riesgos cuando emprendí la separación porque quería reencontrarme con la soledad. Aquí estoy de nuevo, quería decirle cuando me abrazara con ese abrazo que tanto espanta a los demás. A mí no. ¿A mí no? (P. 375)
El pasado. Hay pasado por todas partes. El pasado está posado sobre nosotros como el poco sobre los muebles. Hay pasado en el presente y hay pasado en el futuro. Impregnado, agarrado, diluido, difuminado, mezclado, empastado, desenfocado. Hay pasado en el recuerdo, en el gesto, en los rasgos, en las frases por decir, en las soluciones. Hay pasado en la imaginación, que a veces es un proyector de experiencias vividas. Hay pasado en los pasos por dar, en la carrera por delante, en la mirada, en el cuanto, en el invento en los sabores. Las canciones están hechas de pasado. (P.258)
La muerte. No quería que mis hijos heredaran la estúpida obsesión de los españoles con todo lo que tiene que ver con la muerte. Me gustaría que para ellos la muerte significara lo mismo que para mí, un minúsculo trámite de despedida al final de la inabarcable aventura de vivir. Que aprendieran a dedicarle sus mejores esfuerzos al hecho de estar vivos. (pág 198)

La tristeza, el paso del tiempo, la soledad o la muerte están ahí como certezas con las que uno tiene que aprender a vivir, y para lograrlo está el humor, el amor, la familia, los amigos, la música…
De eso va esta estupenda novela de David Trueba.
De la vida misma.









martes, 11 de abril de 2017

Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas


                                      

Cuando pensaba que Enrique Vila-Matas ya había escrito sus grandes obras y que lo que viniera de su pluma a partir de ahora sería algo más liviano (¡hombre de poca fe!), va y escribe Mac y su contratiempo.
Por supuesto, al poco de publicarse, voy a la librería y me llevo el libro a casa, (no lo tenía planeado, de hecho entré buscando otra novela que, en esos momentos, extrañamente, no tenían en esta librería en que suelen tener todo). De modo que salgo con Mac y su contratiempo debajo del brazo, más contento que unas pascuas. Desde que leí la genial novela El mal de Montano soy fiel lector vilamatiano.

Leo Mac y su contratiempo despacio, sin precipitarme, deseando que no termine, olvidándome del final, lápiz en mano, subrayando lo que me parece interesante (al final resulta que casi todas las páginas del libro están más que rayadas por mi lápiz Alpino). Y cuando termino de leer la novela, pienso que se ha superado a sí mismo, que le ha dado una nueva vuelta de tuerca a su forma de narrar, y que ha escrito, otra vez, una obra maestra, que ha regresado Vila- Matas en estado puro después de su novela-ensayo sobre arte contemporáneo titulada Kassel no invita a la lógica, y no puedo más que quitarme el sombrero ante un escritor como él, que sigue escribiendo libros que seguramente se estudiarán en las facultades de Lengua y Literatura de medio mundo (El mal de Montano ya es lectura obligatoria en muchas facultades de filología de nuestro país). Y pienso, tal vez movido por la emoción del momento (acabo de terminar de leer Mac y su contratiempo, y así, en caliente, me he puesto a teclear en el ordenador) que el próximo año apostaré por él en las quinielas para el Nobel de Literatura.

                           

 En Mac y su contratiempo, Enrique Vila-Matas construye una novela en torno a Mac (nombre que le pusieron sus padres, cuando él era pequeño, tras ver una película de John Ford), un constructor arruinado (luego descubrimos que en realidad es un abogado retirado), casado con Carmen (una mujer de ciencias de la que sospecha que tiene un lío con otro), residente en el barrio barcelonés de El Coyote , y vecino de un escritor de éxito, Ander Sánchez (de quien sospecha tiene el lío con su esposa Carmen, de ahí el título de uno de sus relatos) .
Mac, en su retiro hogareño del barrio barcelonés de El Coyote comienza a escribir un diario en su primer acercamiento al arte de la escritura.

 Me fascina el género de los libros póstumos, últimamente tan en boga, y estoy pensando en falsificar uno que pudiera parecer póstumo e inacabado cuando en realidad estaría por completo terminado. De morirme mientras lo escribo, se convertiría, eso sí, en un libro en verdad último e interrumpido, lo que arruinaría, entre otras cosas, la gran ilusión que tengo por falsificar. Pero un debutante ha de estar preparado para aceptarlo todo, y yo en verdad soy tan sólo un principiante. Mi nombre es Mac. Quizás porque debuto, lo mejor será que sea prudente y espere un tiempo antes de afrontar cualquier reto de las dimensiones de un falso libro póstumo. Dada mi condición de principiante en la escritura, mi prioridad no será construir inmediatamente ese libro último, o tramar cualquier otro tipo de falsificación, sino simplemente escribir todos los días, a ver qué pasa. Y así tal vez llegue un momento en el que, sintiéndome y más preparado, me decida a ensayar ese libro falsamente interrumpido por muerte desaparición o suicidio. De momento me contento con escribir ese diario que empiezo hoy, completamente aterrado, si atreverme siquiera a mirarme al espejo, no fuera que viera mi cabeza hundida. (p.11)

Este es el comienzo de la novela narrada por Mac en forma de diario. Poco a poco vamos conociendo a Mac y sabemos que siempre fue un apasionado de la lectura, primero de poesía y más tarde de relatos, no así de novelas porque “convierten la vida en destino”. Así, sabemos que Mac es aficionado a los cuentos y un día comienza a pensar en que debería repetir y modificar un libro de relatos que escribió su vecino, el escritor Sánchez. La estupidez no es mi fuerte, decía Monsieur Teste. Me ha gustado siempre la frase y la repetiría cien veces ahora mismo, de no ser porque tengo interés en escribir ahora una que suene a la frase de Teste pero que diga algo diferente; que diga por ejemplo, que la repetición es mi fuerte. O bien: la repetición es mi tema. O esto: me gusta repetir, pero modificando. Esa última frase se ajustaría más a mi personalidad, porque soy un modificador infatigable. Veo, leo, escucho, y todo me parece susceptible de ser alterado. Y lo altero. No paro de alterar. Tengo vocación de modificador. (p.22).

Poco a poco el diario va tomando tintes literarios muy a pesar del propio Mac quien se queja de que la realidad de la calle conspire para que tenga un rumbo novelesco lo que escribo, aunque debo agradecerle que me esté dando material para escribir pues, de lo contrario, quizás no tendría ninguno.

Entre los principales elementos de la novela de Vila-Matas está, en primer lugar, la escritura de un diario secreto (para ver qué pasa) en el que la realidad cotidiana se va transformando en material literario (la relación de Mac con su esposa Carmen, por ejemplo).
En segundo lugar, toda la narración es homenaje al relato breve, con infinidad de citas (¿inventadas?) de  grandes escritores como Ana María Matute, Cervantes, Carver, Borges, Cheever, Cortázar, Isaac Dinesen, Marcel Schwob, Bioy Casares, David Foster Wallace, Barthes, Alain Pauls, Hemingway, Faulkner, Roberto Bolaño, Proust, Kafka, Wallace Steven, Jean Rhys, Ray Bradbury, Samuel Beckett, George Perec, o Joe Brainard, autor que abre la novela con este epígrafe “Me acuerdo de que casi siempre me vestía de vagabundo o de fantasma.Un año fui de esqueleto”. Todas esas citas están integradas perfectamente en la estructura de la novela, algo habitual en la escritura de Vila-Matas (me encanta la cantidad de puertas literarias que abre al lector para futuras lecturas).
También está el intento de modificar el libro de su vecino, el escritor Sánchez, a través de la reescritura libre de sus relatos, incluyendo voces de los autores antes citados.
Por último, y no menos importante, está el barrio ficticio de El Coyote (el bar Tender, el kiosco, el falso sobrino de Sánchez, los muchos vagabundos que aparecen, fruto de la crisis económica que atraviesa el país, el sastre…) que se convierte en uno más de los protagonistas de la novela.

Mac y su contratiempo es un libro en el que hay muchas historias, unas dentro de otras, cual muñecas rusas, en las que la realidad y la ficción (Mac es una especie de Quijote que ve la realidad a través de su lecturas) se convierten en un todo indisoluble. Este homenaje a la escritura, rodeado de humor y de intriga, hace las delicias de escritores que no escriben porque “como decía Nathalie Sarraute, escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiéramos” (p.12) , o de principiantes que se atreven a escribir un diario, o incluso de aquellos que se dan un paso más y se internan en el mundo de la literatura intentando construir un relato con una voz propia.

En cuanto a los personajes que aparecen, es evidente que el escritor Sánchez es el propio Vila-Matas, a quien Mac dibuja como un ser vanidoso y engreído que está de vuelta de todo, Ha vuelto a tener la impresión de que mi vecino era altamente vanidoso. ¿Por qué tanto?¿por una cierta popularidad ganada en televisión?¿Por flirtear con la idea de borrarse del mapa como Robert Walser cuando en realidad éste enmudeció por intrincados caminos suizos, y sobre todo, por los interiores de sus microgramas, mientras él lo hace ostentosamente recogiendo premios y otras horteradas?(p.286).  Y el libro que quiere reescribir modificándolo es Una casa es para siempre, con la figura del narrador-ventrílocuo que cambia de identidad al cambiar de voz. De manera que Vila-Matas es capaz de reírse de su propia sombra con esta novela. No obstante, también deja algún recadito para algún que otro crítico literario (no se me ocurre ninguno) al que retrata en la figura de Julio, falso sobrino del escritor, cuya catadura moral deja mucho que desear: “Creo que me habría bastado con un agujero en la pared y mirar a través de él para ver enseguida a ese hombre tóxico, siempre simulando que no le importaba no ser un creador, pero infectándolo todo porque él no lo es, infectándolo al intervenir directamente en la vida de las personas con una especie de terrorismo de la negatividad disfrazado de espíritu crítico”(p.278).
 ¿Y quien es Mac? Pues Mac es, como dice Fernando Aramburu en un artículo publicado en El País,“un Alonso Quijano que ha leído mucho y desea traspasar los límites de la vivencia cotidiana”. Queda claro quien es Mac. ¿Y cuál es su contratiempo? El de todos.

Es ésta una novela, como casi todas, por no decir todas, en la que Vila-Matas rompe con las formas narrativas simplistas para buscar nuevos caminos para la literatura:
Creo que también fue el propio Zero (autor inventado por Vila-Matas) el que pidió que la narrativa de nuestro tiempo se pusiera a la altura de los niveles de complejidad que habían alcanzado la música moderna y el arte contemporáneo. Y citaba el caso significativo de los Beatles, que lanzaron el Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band y hubo quienes criticaron la irrupción de la complejidad en las canciones del grupo. Pero de haberse atascado en su simpleza inicial, decía Zero, es muy probable que no fueran el icono cultural que son ahora. Y, dado que hasta los fans más antiguos aplaudieron la evolución del grupo, se preguntaba por qué a los autores literarios no se les permitió lo mismo que a los músicos pop (p.251)
Y para eso, para abrir nuevos caminos en la literatura, los escritores han de transitar por caminos arriesgados como él, Vila-Matas, siempre ha hecho. A fin de cuentas, me he dicho, hay que saber tomar algún riesgo si uno quiere encontrar una buena historia. Esto lo sabe siempre un escritor, al igual que sabe que todo relato corre el riesgo de carecer de sentido, pero no sería nada sin ese riesgo.  (p.265)

Mac y su contratiempo es una novela con la que uno se entusiasma, desde la primera hasta la última página.








martes, 4 de abril de 2017

Zapatos italianos, de Henning Mankell





Siempre me siento más sólo cuando hace frío.
El frío del exterior me hace pensar en el de mi propio cuerpo. Me veo atacado desde dos frentes. Pero yo no dejo de oponer resistencia contra el frío y contra la soledad. De ahí que, cada mañana, salga a cavar un agujero en el hielo. Si alguien me observase desde la helada bahía con unos prismáticos, creería que estoy loco y lo que hago es preparar mi propia muerte. ¿Un hombre desnudo en el gélido frío invernal, con un hacha en la mano cavando un agujero en el hielo?
En realidad, tal vez sea eso lo que espero, que un día haya alguien ahí fuera, una negra sombra que se recorte contra la inmensa blancura y se pregunte si llegará a tiempo de intervenir antes de que sea demasiado tarde. Pero no necesito que nadie me salve, puesto que no estoy dispuesto a suicidarme.

Quien esto piensa se llama Fredrik Welin, un médico de 66 años retirado, que vive solo y aislado en una pequeña isla sueca del Mar Báltico que había pertenecido a sus abuelos. Lleva doce años viviendo ahí y sus relaciones sociales se reducen a la visita del cartero una vez por semana.
Welin es un hombre huraño que ya solo espera la muerte rodeado de frío y soledad. Es un retiro voluntario después de que lo apartaran de la profesión médica tras cometer un grave error con uno de sus pacientes. Vive con un viejo perro y con un gato viejo y en una de las salas de la casa deja crecer un hormiguero. No tiene a nadie en el mundo. Tan solo recuerdos.
Había huido del miserable entorno de mi niñez en el que el constante recuerdo de la dura vida que mi padre se veía obligado a llevar me infundió las suficientes fuerzas para romper con todo. Pero también era consciente que debía de agradecer a la casualidad el haber nacido en una época que posibilitaba tales cambios de clase. Una época en la que los hijos de los camareros humillados podían estudiar el bachillerato e incluso llegar a ser médicos. Pero, ¿Por qué me había convertido en una persona siempre a la búsqueda de escondites, en lugar de aspirar a la compañía?¿Por qué no quería tener hijos?¿Por qué había vivido siempre como un zorro, siempre con la guarida llenas de vías de escape? (P. 323)

Al menos eso es lo que él cree, que no tiene a nadie. Hasta que, de repente, aparece en la isla una mujer con la que tuvo una relación treinta y tres años atrás, y a la que un día abandonó sin más. No se habían vuelto a ver. Es Harriet, está enferma y ha ido a visitarlo por una promesa que él le hizo, la de llevarla a conocer una laguna en la que él nadaba cuando era niño. Ese viaje marcará la vida de Fredrik y todo su mundo se pondrá patas arriba. Porque el motivo de ese viaje a la laguna no es otro que el darle a conocer que tuvieron una hija. Su nombre es Louise. La existencia de esta hija a la que comienza a conocer provoca que el pasado salga a su encuentro y no le quede más remedio que enfrentarse a él para rendir cuentas. Debe comenzar a vivir de nuevo y salir de esa isla física y espiritual que hasta entonces le había protegido de la realidad de la que se escondía.
De modo que la vida se abre paso ante una muerte que acecha. Y la soledad comienza a ser una carga más que una salvación. Cada mañana, al despertar, me proponía en serio ponerme a ordenar mi vida. Ya no podía seguir permitiendo que los días se esfumasen inútilmente (p. 234)

Siempre me ha gustado la prosa de Henning Mankell. Hace años que leí (la palabra devorar, creo que se ajusta más a la realidad) las novelas de la saga de Kurt Wallander, sin embargo había un libro que no pertenecía a esta saga y que no estaba en mi estantería. Se titulaba  Zapatos italianos, y la semana pasada lo encontré en la feria del libro. No dudé ni un segundo en comprarlo. Y no tardé ni dos tardes en leerlo.

Es una novela realista narrada en primera persona. Consta de cuatro partes, con frases afiladas. La trama se desarrolla en un paisaje que parece salido de un cuadro de Caspar David Friedrich. La naturaleza por encima del ser humano.

Un médico retirado, su antiguo amor, una hija desconocida, un viejo zapatero italiano, un perro, el hielo, una isla, el frío, un gato, un cartero, Caravaggio, las pinturas de Lascaux, cartas de protesta, una espada, un suicidio, una nadadora manca, la incomprensión, una laguna negra, un pozo en el hielo, al perdón, el mar, la muerte, el amor, el miedo , una caravana, la solidaridad, un barco ardiendo, la soledad, un hormiguero dentro de la casa, el solsticio de verano, un diario… Estos son los ingredientes de Zapatos italianos.

El insignificante diario que yo de hecho escribía, cuyo contenido versaba principalmente sobre una avecilla, el ampelis europeo, y los achaques de mis animales domésticos, carecía incluso de interés para mí mismo. Lo escribía porque constituía un recordatorio cotidiano de que yo vivía una vida vacía de sentido. Hablaba del ampelis para confirmar la existencia del vacío (p.225).

Tan sólo aparecen diez o doce personajes. Suficientes para que un maestro como Henning Mankell construya una  novela espléndida.

Y soñando, evoqué poco a poco mis raíces. De algún modo, intuí que andaba como con una azada en la mano, removiendo la tierra en busca de lo que me había perdido.



 Traducción de Carmen Montes Cano


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